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8 de noviembre de 2026

Caputo bajo la lupa: una millonaria operación con bonos abre dudas sobre la salida de grandes inversores

Caputo bajo la lupa: una millonaria operación con bonos abre dudas sobre la salida de grandes inversores
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La estrategia financiera del ministro de Economía vuelve a generar interrogantes. En medio de una fuerte volatilidad en las tasas, una presunta recompra de deuda por $1,75 billones pone el foco sobre los posibles beneficiarios de las intervenciones del Tesoro. La operación podría haber facilitado liquidez a grandes tenedores de bonos, aunque todavía no se conoce quiénes vendieron ni qué destino tuvieron los fondos.

La política económica de Luis Caputo enfrenta un nuevo interrogante: ¿las intervenciones del Tesoro en el mercado de deuda están orientadas exclusivamente a ordenar las variables financieras o también pueden favorecer la salida de grandes inversores que buscan retirar sus capitales de la Argentina?

La pregunta surge a partir de una serie de movimientos registrados durante los primeros días de noviembre, cuando la negociación de títulos públicos mostró volúmenes extraordinarios y el mercado de dinero atravesó episodios de marcada volatilidad.

En el centro de la discusión aparece una recompra de deuda atribuida al Tesoro nacional, cuyo monto se estima en aproximadamente $1,75 billones. La cifra y el alcance preciso de esa intervención todavía requieren confirmación documental oficial.

Más allá de las explicaciones técnicas que pueda ofrecer el equipo económico, la discusión de fondo pasa por determinar quiénes se beneficiaron con esas operaciones, a qué precios pudieron desprenderse de sus activos y qué posibilidades tuvieron de transformar posteriormente esos pesos en dólares.

Una intervención que puede beneficiar a los grandes fondos

El mecanismo financiero es relativamente sencillo, aunque sus consecuencias pueden ser significativas.

Cuando el Tesoro recompra bonos que se encuentran en circulación, utiliza recursos para adquirir títulos públicos que están en manos de inversores.

Quienes venden reciben pesos a cambio de esos instrumentos y quedan en condiciones de decidir qué hacer con ese dinero.

Pueden reinvertirlo en otros activos argentinos, mantenerlo disponible o utilizarlo para adquirir moneda extranjera, siempre dentro de las condiciones y regulaciones aplicables.

El aspecto más sensible aparece cuando esas compras oficiales contribuyen a sostener el precio de determinados bonos.

Si un inversor considera que mantener deuda argentina representa un riesgo, una intervención del Estado puede ofrecerle una oportunidad para vender en mejores condiciones que las que habría encontrado sin esa demanda adicional.

En términos económicos, esto significa que una decisión presentada como una herramienta de administración de deuda también puede favorecer la salida de fondos de inversión que buscan reducir su exposición al país.

No necesariamente constituye una irregularidad. Pero sí plantea un interrogante sobre las prioridades de la política financiera y la distribución de sus beneficios.

Los números que encendieron las alarmas

La negociación de bonos durante la primera semana de noviembre mostró movimientos poco habituales.

Los títulos duales, que combinan mecanismos de actualización vinculados con la inflación y las tasas de interés, concentraron una parte significativa de la actividad financiera.

Entre los instrumentos que estuvieron bajo observación aparecen los bonos TXMD9 y TXMJ0, con vencimientos en 2029 y 2030.

Estos títulos resultan especialmente relevantes porque permiten a grandes inversores mantener posiciones en pesos con mecanismos de cobertura ante determinadas variables económicas.

En paralelo, el mercado de cauciones, donde las entidades financieras y los inversores obtienen financiamiento de corto plazo, mostró un incremento en su tasa de referencia.

El índice de caución de BYMA pasó del 22,48% nominal anual el 4 de noviembre al 29,62% el día 5.

La suba de 7,14 puntos porcentuales refleja un endurecimiento de las condiciones de financiamiento, precisamente durante jornadas en las que se discutía el efecto de las intervenciones oficiales sobre la disponibilidad de pesos.

La contradicción merece una explicación: si el Tesoro estaba realizando operaciones capaces de inyectar liquidez, ¿por qué continuaban las tensiones en el mercado de financiamiento?

Existen razones técnicas que pueden explicar movimientos simultáneos de esa naturaleza. Sin embargo, también corresponde examinar si la liquidez generada por eventuales recompras llegó al conjunto del sistema o quedó concentrada entre determinados operadores.

¿Una puerta de salida para los inversores?

El punto más delicado de la estrategia de Caputo está relacionado con el posible destino posterior de los fondos.

Un inversor que vende bonos al Tesoro recibe pesos. Con ese dinero puede adquirir otros instrumentos financieros que le permitan acceder a dólares mediante operaciones bursátiles.

Una de esas alternativas es el contado con liquidación, conocido como CCL, que permite obtener divisas con disponibilidad en cuentas del exterior.

La secuencia es económicamente posible: un fondo vende deuda en pesos, obtiene liquidez, compra activos que se negocian en moneda extranjera y, mediante las operaciones correspondientes, transforma su posición en dólares fuera del país.

El resultado potencial es que el Estado facilita una instancia de salida de activos argentinos mientras determinados inversores reducen su exposición al riesgo local.

La cuestión central es establecer si esa secuencia ocurrió efectivamente en las operaciones investigadas.

Hasta el momento, no hay información pública suficiente que permita afirmar que los pesos entregados en las recompras terminaron convertidos en dólares y transferidos al exterior.

Tampoco existe documentación disponible que demuestre que las decisiones fueron adoptadas para beneficiar a inversores con vínculos personales o comerciales con el ministro.

Pero la falta de identificación de las contrapartes deja abierta una pregunta relevante: ¿quiénes estaban del otro lado de las operaciones del Estado?

El problema de la transparencia

Las operaciones de deuda pública involucran decisiones de política económica que pueden modificar las condiciones de negocios de grandes participantes del sistema financiero.

Por eso, no alcanza con conocer el volumen negociado ni observar la evolución de las cotizaciones.

Resulta necesario identificar qué instrumentos fueron efectivamente recomprados por el Tesoro, cuál fue el precio de ejecución, qué cantidades se retiraron de circulación y cómo se determinaron las condiciones de intervención.

También sería importante establecer qué entidades actuaron como intermediarias y si existieron operaciones posteriores de dolarización relacionadas con las ventas.

La identidad de los beneficiarios finales no surge automáticamente de los datos públicos de negociación.

Por ese motivo, la información disponible todavía no permite elaborar una nómina de empresas o fondos que hayan resultado favorecidos por la intervención estatal.

El Ministerio de Economía tiene la posibilidad de despejar buena parte de esas dudas mediante una explicación detallada de su estrategia.

Una semana atravesada por los feriados financieros

La reconstrucción de las operaciones deberá considerar, además, un calendario excepcional.

El viernes 6 de noviembre, Día del Bancario, hubo negociación bursátil bajo condiciones restringidas, pero no liquidación de operaciones.

El lunes 9 y el martes 10 tampoco habrá actividad en BYMA por los feriados vinculados con la visita del papa León XIV a la Argentina.

En consecuencia, determinadas operaciones concertadas durante las últimas ruedas tendrán su liquidación a partir del miércoles 11, mientras que otras vinculadas con dólares en el exterior estarán alcanzadas por las restricciones operativas del feriado estadounidense de esa jornada.

El jueves 12 será, por lo tanto, una fecha importante para examinar la normalización de las liquidaciones internacionales y reconstruir los movimientos del mercado.

De todos modos, que una operación se liquide no significa que sus beneficiarios finales puedan identificarse a través de la información bursátil pública.

Una discusión que excede los bonos

El debate también involucra las prioridades de la política económica del Gobierno nacional.

Mientras distintos sectores productivos enfrentan dificultades de financiamiento, tasas elevadas y restricciones para acceder al crédito, el Tesoro dispone de herramientas para intervenir sobre las condiciones de negociación de su propia deuda.

Estas herramientas pueden ser necesarias para ordenar vencimientos, reducir pasivos o mejorar el funcionamiento del mercado.

Pero también pueden generar ventajas económicas para determinados tenedores de activos financieros.

La diferencia entre ambos escenarios depende de los objetivos, las condiciones de ejecución y los resultados concretos de cada intervención.

El Gobierno sostiene una estrategia de disciplina fiscal y normalización financiera. Sin embargo, esos objetivos no eliminan la necesidad de explicar cómo se utilizan los recursos disponibles y qué efectos distributivos tienen las decisiones oficiales.

Las preguntas que Caputo todavía debe responder

La información conocida hasta ahora no alcanza para demostrar una maniobra de fuga de capitales promovida desde el Ministerio de Economía.

Pero sí permite identificar una serie de interrogantes que requieren respuestas oficiales.

¿Cuál fue el monto exacto de las recompras realizadas? ¿Qué bonos adquirió el Tesoro? ¿Quiénes fueron los vendedores? ¿Los precios pagados estuvieron alineados con las condiciones de mercado? ¿Qué proporción de la liquidez generada permaneció invertida en la Argentina?

Y, fundamentalmente, ¿existió una relación entre las intervenciones del Tesoro y las posteriores operaciones de compra de dólares destinadas al exterior?

La administración financiera de la deuda es una facultad legítima del Estado. Lo que corresponde examinar es si esa administración puede convertirse, en determinadas circunstancias, en una ventaja para grandes inversores.

En una economía que necesita recuperar el crédito, fortalecer las reservas y atraer capitales productivos, la pregunta adquiere una dimensión política: ¿la estrategia de Caputo está generando condiciones para que lleguen nuevas inversiones o está ofreciendo oportunidades para que algunos fondos se retiren del país en mejores condiciones?

Por ahora, la identidad de los beneficiarios sigue siendo la principal incógnita. Y despejarla será fundamental para establecer si las operaciones respondieron exclusivamente a una decisión de administración de deuda o si produjeron beneficios particulares que merecen una explicación pública.

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