CRISIS SOCIAL Y ECONOMICA
11/04
Ningún niño es pobre, su presente ha sido empobrecido
La legisladora nacional santacruceña y presidenta de la comisión de Familia y Niñez, Roxana Reyes, analiza en esta columna que escribió para La Tecla Patagonia, la situación actual de pobreza y el impacto que tiene en niños y niñas
Por Roxana Reyes 

(Diputada nacional de Juntos por el Cambio - Presidenta de la Comisión Parlamentaria de Familia, Niñez y Juventudes)  

La pandemia y la cuarentena  dejaron sus secuelas. La pobreza ascendió a una 42% en el segundo semestre de 2020, un aumento de casi 7 puntos porcentuales respecto al mismo período en el 2019.

Pero además según los datos difundidos recientemente por el INDEC, indican que 6 de cada 10 menores de 14 años están bajo la línea de pobreza medida por ingresos. Más de la mitad de los niños del país son pobres. 

La pobreza infantil ascendió a un 56,3% en el primer semestre de 2020 y la indigencia en las niñas, niños y adolescentes  llegó en este período al 15,6%. 
Ahora bien, estos datos cuantitativos son preocupantes, más aun cuando a dichos datos le ponemos rostros e historias de personas, de familias , de niños y niñas que ven como la situación de pobreza e indigencia va hipotecando su futuro, sus posibilidades, sus sueños y anhelos. 

La Patagonia no es la excepción, dado que los costos de vida y la canasta familiar en particular hace insostenible la vida de muchas infancias y adolescencias patagónicas que junto a sus familias ven vulnerados sus derechos, sin lugar a dudas tenemos una deuda social en materia de educación, salud y trabajo digno y bien remunerado para que las familias puedan ver ampliado su abanico de oportunidades. 

Como lo afirmo  José Florito, coordinador del Programa de Protección Social del Centro de Implementación de Políticas Publicas para la Equidad y el Crecimiento “…si bien en las últimas décadas la tasa de pobreza nunca fue menor del 25% de la población, comenzó a vislumbrase un fenómeno que definió como la “infantilización de la pobreza”.
 
Ésta situación resulta realmente alarmante, puesto que no sólo implica la existencia de una vulneración de los derechos niños, niñas y adolescentes, sino que al mismo tiempo las estructuras de oportunidades de un niño/a se ven comprometidas ante la menor inversión en educación, salud y entre otros servicios imprescindibles para el desarrollo humano. 
Los niños y niñas  que no tienen acceso a una educación de calidad, ven comprometidos su desarrollo futuro y su posibilidad de lograr algún ascenso social. Quiénes tampoco tienen la capacidad de acceder a una alimentación de calidad podrán tener dificultades en el aprendizaje y muchas veces la imposibilidad de acceder a un sistema de salud perpetúa situaciones de inequidad. 

La Patagonia, según la última medición del INDEC, incremento la pobreza alcanzando el 35,2 % mientras que la indigencia trepo de 4,9 % a 7,8%, es decir la Patagonia tierra de oportunidades también sintió el impacto de una pobreza estructural y estructurante que además intenta llevarse puesto el futuro de las nuevas generaciones. 

Las preguntas que debemos hacernos ante este panorama son varias: ¿Es factible pensar un futuro posible con este presente? ; ¿Cuál es la trasformación que debemos hacer desde las políticas públicas para generar oportunidades genuinas? ; ¿Podemos permitirnos como región y como país que una persona en este momento mientras leemos este escrito este pasando hambre? y otros interrogantes que deben poner en tensión nuestra realidad y su abordaje. 

Requerimos desde las diferentes esferas del estado, poder dar una respuesta integral a la situación de la pobreza de niñas, niños y adolescentes, esa respuesta integral tiene que partir de una mirada superadora del enfoque  cortoplacista¸ debemos abandonar el modelo que responde el aquí y ahora, para poder propiciar políticas que transciendan los gobiernos y se basen en acuerdos intersectoriales. 

La familia, la comunidad y el Estado son corresponsables en la garantía y protección de los derechos de las infancias y adolescencias, en virtud de esa corresponsabilidad debemos poner en el centro de las políticas de estado a las nuevas generaciones y el fortalecimiento de sus centros de vida.

La situación de pobreza no puede, bajo ningún aspecto, ser naturalizada cada vez que un niño o una niña no tiene satisfecho sus necesidades básicas hemos fracasado como sociedad y como estado; ningún niño, niña o adolescentes es pobre, en realidad ha sido empobrecido por la falta de oportunidades y protección social que no tuvieron sus familias y sus comunidades.   

Esta situación debe ponernos en movimiento, convocarnos desde los diferentes roles institucionales y sociales que tenemos para poder configurar una Agenda de Trabajo centrada en las Infancias y Adolescencias, una agenda que nos permita abordar los múltiples factores necesarios y urgentes para erradicar la pobreza. Es decir trabajar en políticas de fortalecimiento familiar y comunitario; promover las políticas de cuidado; generar trabajo genuino, invertir en educación y salud; ampliar las oportunidades de desarrollo personal y social de los sectores más vulnerables. 

Mejorar la calidad de vida de los niños, niñas y adolescentes es un nuestro mayor desafío, como lo es erradicar situaciones de inequidad, para ello debemos tomar conciencia que esta historia no es reciente, existió un largo camino para llegar hasta hoy. 

Cuando un niño o una adolescente no puede comer, no puede aprender, sin no aprende no logra ser una persona critica y por ello el empobrecimiento también es cultural y educativo; la respuesta más digna a este flagelo es el TRABAJO genuino, nuestro mayor anhelo social es que todos los niños, niñas y adolescentes puedan comer en sus hogares bajo su propio techa y gracias al trabajo de sus referentes afectivos. 

Por ello, volvemos a insistir la pobreza no es solo datos estadísticos, es una realidad que golpea las experiencias vitales de más de la mitad de los niños y niñas argentinas, por ello es imprescindible diferencias las Políticas Sociales que buscan la promoción humana de las personas y erradicar las situaciones de pobreza de aquellas políticas y acciones que solo buscan “administrar “la pobreza y la multiplican.

Sin dudas nos debemos un amplio, serio y urgente debate como sociedad y como estado;  que combata con todas las herramientas sociales, económicas y políticas posibles el flagelo del desempleo, la subocupación, la pobreza extrema, las desigualdades  y  la marginación social y el momento es el PRESENTE para poder soñar un FUTURO inclusivo y posible.