Argentina
Viernes, 12 agosto 2022
OPINIÓN
20 de julio de 2022

Tupac Fernández, por Julio Burdman

El justicialismo es un movimiento que tiene un partido débil pero también una compleja organización de base.

Tupac Fernández, por Julio Burdman - La Tecla Patagonia

Por Julio Burdman, politólogo (Columna nota de tapa Por izquierda, centro y derecha lo dejan apretado en su caja

El justicialismo es un movimiento que tiene un partido débil pero también una compleja organización de base.

A nadie le preocupa demasiado lo que ocurra en las oficinas del PJ, pero los sindicatos, las redes territoriales y la gran cantidad de peronismos locales están ahí, son una realidad concreta y cotidiana. Una realidad que tiene demandas cotidianas. ¿Cómo se resuelve esa contradicción de una gran organización que carece de una autoridad formal? Con liderazgo o con plata. Hace falta un jefe de hecho, que responda a las demandas de todos y los conduzca en una determinada dirección.

Por eso, estar en los zapatos de Alberto Fernández no es nada fácil, y algún día la historia se lo tendrá que reconocer. Tiene en sus espaldas un país en llamas, y también al peronismo. Y hasta el 10 de diciembre de 2019 no se había preparado para ninguna de las dos cosas.

Como Tupac Amaru II, hoy el Presidente se encuentra tironeado por todos, y desde todos los rincones. Recibe los reclamos de trabajadores y desocupados que no llegan a fin de mes, de una clase media empobrecida por la inflación y los bajos ingresos, y de los empresarios y el campo agobiados por impuestos, retenciones y falta de crédito. Ya están todos en la calle, protestando o cortando caminos. Le piden más a un Presidente que ya no sabe qué hacer. Una salida a este encierro podría ser la autoridad: un Jefe de Estado que se imponga sobre todos, los frene y les exija cooperación. El país tiene restricciones, el FMI está encima, no se puede mucho más. Pero por las razones que ya conocemos, el Presidente no puede ejercer ese rol. Llegó meteóricamente a la Presidencia y no es el jefe real del oficialismo.

En un contexto de abundancia podría zafar de las presiones haciendo uso de la chequera, pero esa opción tampoco está. Con más poder político podría sacar el clavo hacia arriba poniendo sobre la mesa una propuesta fuerte de reforma. Tampoco parece ser posible. Entonces, lo que le queda a Tupac Fernández es administrar la escasez y rezar por un contexto internacional que le siga tirando centros.