La Tecla Patagonia
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El conductor Chiche Gelblung marcó un antes y un después a la hora de hacer periodismo y estar al frente de diversas producciones. Hoy ya no se encuentra en este mundo pero será recordado por sus polémicas y su lenguaje certero.
El apodo “Chiche” viene de su infancia: en la familia decían que era “el chiche de la casa”. Creció en Villa Devoto, en un hogar judío de clase media con fuerte militancia comunista. Su padre, Alfredo, era industrial del cuero; su madre, Berta. El abuelo paterno fue tesorero del Partido Comunista.
A los 14 años se fue de su casa. Vendió medias y enciclopedias, durmió en un depósito de huevos y se formó leyendo en bibliotecas populares.
Una formación política de izquierda, sin afiliación partidaria ni carrera pública para definirse como “de corazón marxista” y “zurdo por siempre”, aunque nunca militó de manera orgánica ni buscó una función electiva. Ese cruce entre la ideología de izquierda y el oficio periodístico, lo volvieron una figura incómoda para varios bandos. No es peronista y lo ha dicho sin vueltas.
Durante la dictadura, sectores de derechos humanos lo acusaron de colaboracionista por su paso al frente de la revista Gente. Hebe de Bonafini lo incluyó, junto a otros periodistas, en un “juicio popular” simbólico. Él, en cambio, se presentó siempre como un profesional que cubrió el poder, no como un operador de un espacio. Asimismo, en democracia entrevistó a casi todo el arco político.
En tiempos contemporáneos, fue de los primeros en darle un lugar estable a Javier Milei cuando todavía no era presidente. La relación se rompió después: Gelblung dijo que Milei dejó de darle notas porque no era “sumiso” y le discutía. Más tarde lo criticó con dureza y afirmó que nunca le creyó del todo. Su compromiso, según él, no es con un gobierno, sino con un estilo de confrontación: preguntar, interrumpir y no alinearse.
El trabajo en los medios de comunicación:
El comunicador entró a la revista Gente en 1966. Diez años después llegó a director, cargo que ocupó hasta 1981. Cubrió conflictos como la Guerra de los Seis Días, Yom Kipur, Vietnam y Biafra. También cantó tango en La Botica del Ángel con el seudónimo Mariano Ovejero, hasta que los dueños de Atlántida le pidieron que eligiera: periodismo o escenario. Luego pasó por Editorial Perfil, La Semana, Ámbito Financiero y La Nación.
En radio se consolidó con La Supermañana, Edición Chiche y Hola Chiche.
En televisión explotó a los 50 años con Memoria, en 1994. Después condujo ciclos en Canal 9, Crónica TV y Net TV, entre ellos 70-20 Hoy. Fundó medios digitales como Minuto Uno e InfoVeloz.
Su manera de hacer televisión directa, sensacionalista y de alto rating, lo convirtió en una figura tan popular como cuestionada.
Los escándalos públicos
Con Mirtha Legrand arrastró una pelea de décadas: primero por una tapa de Gente con ella en malla, en 1981, y después por emitir en Memoria el video en el que la conductora grita “¡Carajo, mierda!”.
En ese mismo programa reconstruyó la “autopsia” de un extraterrestre para mostrar que el video de Roswell era falso. El sketch se volvió un clásico de la televisión argentina.
La Justicia lo condenó en varios casos: un informe que vinculaba a un hombre con un homicidio sin pruebas suficientes; otro sobre Palito Ortega y Evangelina Salazar; la difusión de imágenes de una mujer en un boliche, asociadas a un informe sobre prostitución; y un caso por cámara oculta a una anciana en situación de vulnerabilidad. En 1996 lo denunciaron por apología del delito después de presentar al filósofo Antonio Escohotado hablando de cocaína. En radio relativizó el feriado del 24 de marzo y la desaparición de Julio López, y eso le valió duras críticas.
La familia que supo construir
El periodista estuvo casado primero con Marta Inés Velasco. Luego de su primer divorcio, desde 1977, está con la exmodelo Cristina Seoane. Ellos tienen tres hijos llamados Federico, María y Magdalena, conocida como Maggie.
Vale mencionar que en 2026 atravesó una internación grave por trombosis y complicaciones cardiovasculares. Volvió al aire en silla de ruedas y siguió trabajando.

El último adiós
El último adiós comenzará a las 10.30 en las salas velatorias de la AMIA, en la calle Loyola al 1139, Ciudad de Buenos Aires. Allí será velado el periodista que dirigió revistas, condujo radio y televisión y también estuvo al frente de InfoVeloz. La elección del lugar se inscribe en su historia familiar: Gelblung nació en 1944 en una familia judía de Villa Devoto y construyó una vida pública de más de cinco décadas sin abandonar esa raíz.
Alrededor de las 15, el cortejo partirá hacia el Cementerio de La Tablada, donde descansarán sus restos. El sepelio cierra una jornada breve y precisa: velatorio por la mañana, traslado a la tarde, descanso definitivo en el cementerio comunitario.Gelblung se había convertido en una figura habitual de la despedida ajena y de la crónica de la muerte. Esta vez el foco se invierte. Colegas, familiares y público podrán acercarse a la AMIA desde las 10.30. El horario de La Tablada, estimado a las 15, marca el cierre del ritual.